Ana y Juan

Ana se rasca la cabeza y se consume en un abismo de ideas desesperadas mientras echa un vistazo a la cena que se cocina en el horno.

Pronto Juan, preguntará si está a tiempo de darse una ducha antes de cenar,  Ana responderá que si, y pondrá el fuego en mínimo.

Juan se quedará bajo la ducha de manos contra la pared deseando que el agua arrastre su desgano.

 

Cenarán callados hasta que el silencio ensordezca, entonces Juan hará un comentario acerca de la oficina, Ana elegirá su mejor gesto de atención y ahogará un bostezo anulando el sonido del final del relato por lo que tomará el vaso y beberá agua evadiendo la respuesta.

Juan esperará que Ana comience a recoger la mesa para ponerse de pie y retirar las copas con las que caminará hacia la cocina para luego ganar el corredor que acaba en el dormitorio.

Una noche gemela de otras noches…dormirán espalda con espalda y despertarán al día siguiente más cansados.

 

Ella pasará horas frente al espejo buscando a la niña detrás esa mujer que la observa y él, esa tarde irá a un bar antes de regresar.

 

 

La Plata ciudad maldita

Nací y crecí en la ciudad de La Plata, ciudad de diagonales y secretos.

Transcurrí mis primeros años en armonía indiferente a los números, los símbolos, las pistas, que se transformaron en obsesión en mi adolescencia.

Cursaba el tercer año del secundario en el Instituto Hijas de la Cruz, ubicado en calle 15 a la sombra de la catedral que engalana la 14, cuando despertó mi curiosidad un texto de un poeta cordobés Arturo Capdevila que rezaba:

Tú naciste porque te necesitaba la historia. Comisiones de sabios anduvieron en tu busca. Y te hallaron aquí, entre la Ensenada de Barragán y las Lomas de Tolosa, poseedora de los signos inconfundibles.

Tu recinto fue elegido entre cien. Luego fuiste trazada toda entera como por obra de magos (…). El alma de La Plata existía mucho antes que la ciudad; y pareció, según todos los signos, como una hija de los cielos. (…) Además quisiste condecorarte de estrellas como una moza se cubre el pecho de medallones.

Y fueron como estrellas tus plazas.

Princesa: como dos veces los signos del zodíaco, tantos son tus medallones.

 (…) Naturalmente, se eligió para bendecirte un domingo: un día del Señor y una fiesta de todos. Era un 19: el 19 de noviembre de 1882.

 Pitágoras hubiera aprobado esta fecha”

 Sin volverme supersticiosa, tardes enteras pasé devorando libros de masonería, esoterismo y ocultismo en la biblioteca de Bellas Artes, y otras hasta el anochecer tomando fotografías en cada rincón de la ciudad.

Descubrí que mucha información fue ocultada, mucha otra modificada, mi investigación comenzó a tropezar con agujeros, con páginas faltantes de periódicos en fechas significativas, con mensajes confusos, así por ejemplo, el diario El Día en el 100º aniversario de la ciudad publica una breve reseña histórica de la fundación, donde si bien cita a Capdevila, omite su referencia a la maldición.

Tampoco hubo un informe oficial sobre el destino de los objetos faltantes del cofre que fuera sepultado el día de la fundación para ser abierto en el centenario y nada se dijo acerca de las monedas y medallas de oro y plata, las actas y las botellas de vino para la celebración del acontecimiento.

Un oscuro manto cubre la historia y esto me exaspera.

 Encuentro más tarde que 1988 sale a la luz un supuesto encubrimiento de la profanación del cofre por partidarios Roquistas enemigos de Dardo Rocha a quienes se les adjudica una maldición que para deshacerse necesitó de un contra-ritual para el cual se utilizó la piedra fundamental hallada en el fondo del pozo que fue expuesto cien años mas tarde y que hoy cubre el nuevo cofre del tiempo en el centro de plaza Moreno el corazón de la ciudad.

Las preguntas y el café al cual soy adicta me mantenían despierta.

¿Ciudad providencial o maldita? ¿Mística o diabólica? ¿Oscura o iluminada?

 Tenía una sola respuesta, una bien clara, La Plata había sido elegida, pero

¿Para qué? ¿Por quién?

No es extraño que alguien diga haber oído leyendas u observado objetos, estatuas misteriosas que sugieren algo sospechoso, lo curioso es que nadie se atreve a cuestionar.

¿Nadie quiere saber?

 Algunos han intentado revelar sus descubrimientos mediante conferencias y libros, sin éxito: el poco público para estos temas, pareciera indicar que la mayoría de los platenses no desean conocer la historia oculta de la ciudad que habitan.

 En la Plaza Moreno, hay dos grandes jarrones metálicos con figuras demoníacas. Además de las estatuas de las cuatro estaciones, y sus dedos haciendo cuernos en dirección a la Catedral.

 En el mapa de la ciudad: El compás y la escuadra, símbolos masones formados por las diagonales 73, 74, 77, 78, 79 y 80.

 Hay en plaza Moreno también, una estatua de un arquero que algunos entienden como ofensiva hacia la iglesia, ya que si uno se coloca detrás de esta y sigue el punto de mira del arco podemos observar que apunta al centro de la cruz de la catedral.

Pero se habla, sin embargo, que la presencia de una “piedra fundamental” sugiere la existencia de la “Piedra angular” que los constructores usan cuando se termina la obra.

Hay dos tipos de piedra angular. Una tiene base cuadrada y es redonda arriba y otra tiene forma de pirámide o de diamante. Es la piedra que se desecha, no se puede usar como primera piedra, porque todo se caería, entonces se usa como última piedra.

 Si el principio es la piedra fundamental, el fin, es la piedra angular.

¿Que simbolizan el arquero, el arco y la flecha?

 Se dice que la flecha es el séptimo rayo. Son las aspiraciones más elevadas de un ser humano. Siguiendo el trayecto de la flecha, llegamos a la cúpula de la Catedral. Antiguamente las piedras angulares coronaban las cúpulas de las iglesias. No sería extraño que señalase la ubicación ya que este arquero está completamente fuera de lugar, no tiene una posición coherente con el resto de las estatuas, está alejado, escondido.

Pueden existir diferentes opiniones o puntos de vista.

Están quienes reivindican la masoneria, otros la tildan de secta secreta con ideologias oscuras, otros parecen preferir el silencio.

 Sea como sea, pruebas de algo extraño existen en La Plata. Quizás en el inconciente de cada uno de los que viven allí este la respuesta a esas dudas y preguntas…. 

Sobre las figuras de hombres con aspecto bestial que están en diversos lugares de la ciudad, “La Biblia dice que el seis, el 666, el número de la Bestia, es el número del hombre. Porque el hombre nace en la oscuridad, y las tinieblas tienen que surgir a la luz” explica Marco Arios (Gran Maestre de la Masonería Griega de nuestra ciudad).

Las plazas de la ciudad en número de 24, se hallan separadas una de otra por un trayecto de 6 cuadras.

Sebastián otro Maestro Masón dice que “cuando se hicieron las estatuas de las cuatro estaciones, se fueron cuarenta, en Francia. Los dedos que hacen “cuernos” no están rectos, están doblados. Realmente en la mitología popular, si bien es algo asociado a lo maligno, cuando Miguel Ángel hace al Moisés, lo hace con cuernos, y no por eso sugiere que sea malvado. Porque antiguamente los cuernos simbolizaban la inteligencia, el “Cornutto” es “el sabio”, “el conocedor”, el diablo tiene cuernos ostentando inteligencia. Así como tienen Áurea los ángeles y los santos, haciendo referencia también a la brillantez mental.

Los jarrones que se encuentran en el palacio Municipal, el las plazas y en el bosque que deberían estar cargados de agua, porque simbolizan el elemento agua han sido cargados con tierra y sembrados algunos con plantas.

¿Accidental o adrede, arte o mensaje?

En el palacio municipal, estatuas con antorchas, cántaros y jarrones representan a los 4 elementos y la “quinta esencia”.

 En 1993 el escritor Gualberto Reynal, basado en los estudios de Philip, publicó La historia Oculta de la ciudad de La Plata, cuyo mensaje puede resumirse en que los platenses tienen la desdicha de vivir en una ciudad diseñada por la masonería para que actúen inconteniblemente las fuerzas demoníacas, y donde la referida maldición ha hecho estragos y los seguirá haciendo; dice que en el plano de La Plata está la palabra “caos”, lo cual no relaciona con aquello de que “en el principio era el caos…”, sino con lo caótico en el otro sentido que comúnmente se entiende. Y se atribuye al número 13.

La avenida principal que atraviesa la ciudad por su centro geográfico, es la 13. La prolongación imaginaria de la 52, que no existe en esa área, sino que se corta en ambos extremos de la ciudad, atraviesa perpendicularmente a la 13 en la piedra fundamental.

52 es cuatro veces 13.

 En ese número estaría definida la esencia y destino de la ciudad.

Dice Marco Arios: “El 13 es un número simbólico y masónico, para ciertas religiones es la desgracia, para la masonería es la resurrección, el paso a la eternidad.

 En el dólar, la pirámide tiene trece hileras de ladrillos, el águila tiene trece flechas en su garra. En sus conferencias, a cada mención de estas cosas, pone un énfasis apasionado, como quien reacciona agresivamente cuando le tocan o le dañan lo que es suyo. Porque su visión de los símbolos y las señales que ha seguido, le hacen entender que todo está perdido. Que vivir en La Plata supone el riesgo de ser víctima de las fuerzas oscuras, y la casi segura imposibilidad de progresar en la vida y ser feliz.

Esa resignación brota de su discurso, e intenta transmitirse al auditorio, no para que alguien haga algo, porque al creer que nada se puede hacer, tal vez sólo desee compartir sus desgraciados hallazgos con otros para, juntos, poder lamentar que la aparentemente encantadora ciudad, tiene otro tipo de hechizo sobre quienes la habitan.

El efecto producido por esta visión negativista de lo que es la masonería y de lo que una maldición pueda haber ocasionado, fue tomando cuenta de muchas mentes insuficientemente informadas sobre esoterismo, generando actitudes prejuiciosas con las que fue desvirtuado el verdadero significado de muchas cosas.

Y dando un giro desde aquel presunto ocultamiento de información, en julio de 1997 se llegó a publicar en el diario local HOY una nota titulada: “La Plata, una ciudad maldita”. Según su autor, Carlos Festa -quien admitió saber muy poco sobre la temática- hubo intención de generar polémica.

Y jóvenes de la Facultad de Periodismo suelen irrumpir en alguna FM con trabajos en esa misma línea, pues lo trágico, lo negativo pareciera ser más inspirador de interés y curiosidad que las bellezas y excelsitudes de una ciudad como ésta.

En mayo del corriente año, Reynal publicó una versión mejorada de su referido libro, citando elogiosas opiniones de importantes personas que lo leyeron, algunas de ellas del extranjero, dando, así, a La Plata, en cuanto a trascendencia internacional, una incipiente nada favorable fama de ciudad diabólica. Su apasionada visión fatalista de la historia y del futuro de la ciudad, tiene matices de catolicismo a ultranza, al tomar como satánico a todo aquello que es comúnmente visto como tal, cuando se lo mira desde la perspectiva de esa creencia religiosa.

 Reynal es repudiado en numerosos círculos culturales y espirituales platenses. Sin embargo, ha logrado instalarse como una de las voces más resonantes en lo que a la historia de La Plata se refiere, a tal punto que muchos creen en su versión.

De todas formas son pocas versiones, los que saben se llaman a silencio y los que investigamos tenemos las manos vacías, o llenas de engaños.

Descubrimos lo que quieren que se descubra.

Encontramos lo que va siendo plantado a nuestro paso, o lo que fue plantado un centenar de años atrás.

Pero no bajo los brazos, al menos estoy atenta a las señales.

Tal vez paranoica.

Por ahora el secreto esta bien protegido, pero quién sabe…

Fuente: http://www.sentidmortales.com.ar/

Cuento

Alma descubrió que tenía poderes.

Siempre lo había sospechado, esa sensación de pecho hinchado, de hormigueo en la punta de los dedos que la habían acompañado toda la vida, querían decir algo.

Ese día mientras corría apurada a la oficina viendo el reloj, no salió de su asombro hasta llegar, porque logró mantener las agujas inmóviles. Constató al ingresar a su empleo que, en efecto, el tiempo se había detenido durante lo que tardó en llegar.

Nada extraño.

No se detuvieron los coches, la gente no quedó paralizada, no se teletransportó, el tiempo simplemente… no avanzó durante un instante.

Por supuesto pasó esa mañana mirando enajenada el reloj de pared intentando algún viaje al futuro o un regreso al pasado que no sucedieron, simplemente se detenía la hora, mientras la manecilla del segundero continuaba su curso sin imponerle un traslado a las dos mayores que respetaban la orden de Alma.

Luego de incansables intentos concluyó en que podía “detener los relojes”…el tiempo transcurría… pero sin registro .

Probablemente ese día había desperdiciado unos cuantos minutos del día y gracias a ella a partir de ese momento, todos los relojes mentían, tendría cuidado en el futuro con este detalle.

Para no levantar la perdiz no?