Ana y Juan

Ana se rasca la cabeza y se consume en un abismo de ideas desesperadas mientras echa un vistazo a la cena que se cocina en el horno.

Pronto Juan, preguntará si está a tiempo de darse una ducha antes de cenar,  Ana responderá que si, y pondrá el fuego en mínimo.

Juan se quedará bajo la ducha de manos contra la pared deseando que el agua arrastre su desgano.

 

Cenarán callados hasta que el silencio ensordezca, entonces Juan hará un comentario acerca de la oficina, Ana elegirá su mejor gesto de atención y ahogará un bostezo anulando el sonido del final del relato por lo que tomará el vaso y beberá agua evadiendo la respuesta.

Juan esperará que Ana comience a recoger la mesa para ponerse de pie y retirar las copas con las que caminará hacia la cocina para luego ganar el corredor que acaba en el dormitorio.

Una noche gemela de otras noches…dormirán espalda con espalda y despertarán al día siguiente más cansados.

 

Ella pasará horas frente al espejo buscando a la niña detrás esa mujer que la observa y él, esa tarde irá a un bar antes de regresar.

 

 

Cuento

Alma descubrió que tenía poderes.

Siempre lo había sospechado, esa sensación de pecho hinchado, de hormigueo en la punta de los dedos que la habían acompañado toda la vida, querían decir algo.

Ese día mientras corría apurada a la oficina viendo el reloj, no salió de su asombro hasta llegar, porque logró mantener las agujas inmóviles. Constató al ingresar a su empleo que, en efecto, el tiempo se había detenido durante lo que tardó en llegar.

Nada extraño.

No se detuvieron los coches, la gente no quedó paralizada, no se teletransportó, el tiempo simplemente… no avanzó durante un instante.

Por supuesto pasó esa mañana mirando enajenada el reloj de pared intentando algún viaje al futuro o un regreso al pasado que no sucedieron, simplemente se detenía la hora, mientras la manecilla del segundero continuaba su curso sin imponerle un traslado a las dos mayores que respetaban la orden de Alma.

Luego de incansables intentos concluyó en que podía “detener los relojes”…el tiempo transcurría… pero sin registro .

Probablemente ese día había desperdiciado unos cuantos minutos del día y gracias a ella a partir de ese momento, todos los relojes mentían, tendría cuidado en el futuro con este detalle.

Para no levantar la perdiz no?