Rocío

Yo era una nena rara, no especial, rara…

Mis primeros recuerdos, los más viejos, los sepia, me llevan al jardín de infantes donde jugaba sola, recuerdo los nombres de algunas compañeritas, como no recordar mi obsesión por los nombres de las demás nenas me acuerdo de María Eugenia, que era japonesa, me acuerdo de Clarita, de Regina, de Lorena…me acuerdo de todas esas hermosas “A” que las adornaban y me dejaban pensando en la doble “o” de mi nombre: “Rocío” que me condenaba a una existencia errática con sólo 4 años de edad entre la unisexualidad todavía no de moda y el intento de encontrar tácitas letras “A” en algún otro aspecto de mi poco femenina pequeña personalidad en formación.

Lo que simplemente no estaba de moda era mi nombre, no puede tildarse de poco originales a mis papás que por aquellos años 80 se lucieron en el bautismo de su primogénita con un nombre que empezaba a sonar en el país portado por alguna que otra cantante española cómo La Jurado con su versión de “Perdona si te hago sufrir” o La Durcal, sin descontar el misticismo de mi mamá y su devoción con la virgen María en todas sus advocaciones –mi segundo nombre es María, mi hermana es María Belén-

De todas formas fui llamada por la gran mayoría Rosario y Romina hasta el 3er grado donde a fuerza de repetirlo o gracias a la aparición de alguna tocaya con la que nos miramos con profunda comprensión, fue tornándose de uso corriente.

No niego que disfruté de las confusiones con mi nombre ya que, aunque por accidente fuera, siempre ponían una “A” y eso me confortaba. Más que los intentos de mis papás de demostrarme su belleza con poesía o con historia (¡tenía 4 años! yo me quería llamar: Roxana María Cristina)

Otra cosa que recuerdo que pensaba, porque si, recuerdo que pensaba y mucho para lo poco que puede asimilar un cachorro de persona, era en “la belleza”, ya de chiquita me miraba al espejo y me estudiaba, -no soy linda- pensaba, en realidad el pensamiento tenía un desarrollo que lo fundamentaba, -tengo ese tipo de lindéz (ahí, otra palabra mía, no va otra) que atrae a las mamás y a las abuelas, ya sabía a esa altura de la vida, que para los padres o los abuelos sus hijos o nietos son hermosos, pero yo era linda también para padres y abuelos de otros nenes, de ahí mi conclusión, pero lo que yo sabía era que no era linda dentro de mi grupo etario, donde lo lindo estaba a mi observar en otros atributos de los que no gozaba y ni podía soñar con conseguir, a saber:

-La altura, siempre fui más alta de lo que quise, siempre fui la más alta. Las nenas lindas siempre eran para mi, las más chiquitas.

-Los ojos, las nenas lindas tenían ojos claros “Y” usaban anteojos (intenté solucionar a los 7 años ese último inconveniente con mentir unas “E” por algunas “B” en el oculista y me pude proveer de esos tan ansiados accesorios de belleza que venían en un estuche amarillo con el dibujo de una “Sara kay”)

-Ni hablar del cabello claro, de los rulos, de los modos delicados, de las piernas sin moretones…

Pero nunca sentí envidia tengo que aclarar, no, lo mío era admiración, yo era espectadora (sigo siendo) de lo lindo, de todo lo lindo en general, por eso pensaba mucho, y me frustraba mucho también, porque no tenía linda letra, ni dibujaba lindo, ni mis cuadernos eran prolijos aunque me esmerase. Todo era perfecto cuando lo imaginaba, pero era incapaz de plasmarlo, no me salía la D en cursiva mayúscula y me costaba horrores la pancita al revés de la F minúscula lo que me llevaba a borronear todas las páginas e incluso a pasarme la goma por la lengua cuando escribía con lapicera, lo que conducía al inevitable agujero que obligaba a arrancar la hoja.

Pero un día en cuarto grado, la maestra dijo: “tema libre” y pegó el dibujo de un gato en el pizarrón. Yo escribí un verso y parece, que ese verso, recorrió todas las aulas y llegó a manos de la directora, luego de constatar que la tarea surgió espontáneamente y que fui yo y no uno de mis padres quien había escrito lo que se encontró en mi cuaderno, recibí unas cuantas felicitaciones que acepté con mucha vergüenza.

Era una nena rara pero al menos escribía lindo 🙂

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