Cuento

Alma descubrió que tenía poderes.

Siempre lo había sospechado, esa sensación de pecho hinchado, de hormigueo en la punta de los dedos que la habían acompañado toda la vida, querían decir algo.

Ese día mientras corría apurada a la oficina viendo el reloj, no salió de su asombro hasta llegar, porque logró mantener las agujas inmóviles. Constató al ingresar a su empleo que, en efecto, el tiempo se había detenido durante lo que tardó en llegar.

Nada extraño.

No se detuvieron los coches, la gente no quedó paralizada, no se teletransportó, el tiempo simplemente… no avanzó durante un instante.

Por supuesto pasó esa mañana mirando enajenada el reloj de pared intentando algún viaje al futuro o un regreso al pasado que no sucedieron, simplemente se detenía la hora, mientras la manecilla del segundero continuaba su curso sin imponerle un traslado a las dos mayores que respetaban la orden de Alma.

Luego de incansables intentos concluyó en que podía “detener los relojes”…el tiempo transcurría… pero sin registro .

Probablemente ese día había desperdiciado unos cuantos minutos del día y gracias a ella a partir de ese momento, todos los relojes mentían, tendría cuidado en el futuro con este detalle.

Para no levantar la perdiz no?

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